jueves, 15 de enero de 2009

Canto litúrgico en la Iglesia Católica

Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles.
¿Queréis alabar a Dios?
Vivid de acuerdo con lo que pronuncian vuestros labios.
Vosotros mismos seréis la mejor alabanza que podáis tributarle,
si es buena vuestra conducta.
San Agustín.


El canto es de gran estima en la celebración litúrgica. Desde tiempos antiguos los cristianos han utilizado la música para el culto. Es muy conocido el proverbio antiguo que dice: "Quien canta bien, ora dos veces".

Si revisamos las Sagradas Escrituras, encontraremos muchos pasajes que nos motivan a alabar a Dios con toda nuestra alma y con toda nuestra voz. El apóstol Pablo invita a los fieles que se reúnen a cantar juntos salmos, himnos y cánticos inspirados (cfr. Col 3,16) y añade en otro libro que el canto es signo de la exultación del corazón (cfr. Hch 2, 46).

Las orientaciones del Magisterio de la Iglesia son claras con relación a las condiciones que ha de tener el canto litúrgico. Dice: «no toda música vocal o instrumental puede juzgarse igualmente apta para alimentar la oración y expresar el Misterio de Cristo». En este orden de ideas; las composiciones musicales, al estar destinadas a la celebración del culto divino, deben:
  • Ayudar a proclamar la Palabra de Dios.
  • Favorecer el clima de oración.
  • Fomentar la unanimidad de espíritus entre el pueblo de Dios.
  • Enriquecer con mayor solemnidad los ritos sagrados.

Se entiende «por Música Sagrada aquella que, creada para la Celebración del Culto divino, posee las cualidades de santidad y perfección de formas». Por lo anterior, se pide que la música litúrgica sea creada para la celebración litúrgica. No se puede aceptar que se hagan adaptaciones, mendigando melodías del folclor, de la música clásica, del cine y de las que están de moda, para el texto y la música de un canto litúrgico. Estos plagios son injuria al valor de la Palabra litúrgica y también a la Música.

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