jueves, 15 de enero de 2009

El Salmo Responsorial

El Salmo Responsorial se ubica como el canto más importante de los Ritos Iniciales de la Eucaristía y generalmente está basado en uno de los 150 Salmos, de allí su nombre. En la Liturgia se presenta como la respuesta a la Primera Lectura, siendo su objetivo el de reflexionar y profundizar el mensaje que se ha proclamado con ésta. Durante el salmo la asamblea responde con las palabras que el mismo Señor ha inspirado.



El canto en mención posee un estribillo o coro que se intercala entre los versos o estrofas, a esta frase comúnmente se le denomina como “la respuesta del Salmo” o “ANTIFONA”. Los Versos y la Antífona se realizan de manera dialogada entre el o la salmista y la asamblea, el cantor del salmo entona o proclama las estrofas y la comunidad canta o responde al verso aclamando la Antífona. La Antífona se debe recitar o cantar en forma de aclamación, es decir de manera conciente, inmediata, vivaz y espontánea.



¿Cómo se cantan los salmos?


Desde hace muchos siglos atrás la Iglesia desarrolló una serie de fórmulas o melodías para entonar los Salmos conocidas como “Fórmulas Salmódicas”. Éstas son ocho tonos gregorianos que se identifican con números Romanos. Sabemos que el Canto Gregoriano es el canto oficial de la Iglesia Católica y éste mas que un canto es una forma de orar con la cual han orado generaciones y generaciones de católicos desde el siglo VI D.C. La música gregoriana se adapta como ninguna otra al texto, que es lo más importante del canto litúrgico, por eso utilizarla para los salmos era algo apenas lógico. En la actualidad se pueden componer nuevas fórmulas para los salmos y ser utilizadas en la Liturgia, sin embargo no debemos olvidar el valioso tesoro de los ocho tonos gregorianos. Estas nuevas melodías que se compongan DEBEN inspirar a la asamblea a aclamar al Señor por medio de la Antífona, sino NO PUEDEN ser utilizadas; deben además ser fáciles de entonar puesto que su naturaleza y función en la Eucaristía es ayudar a la oración y fomentar la participación del pueblo.


¿Quién puede cantar los salmos?


UN SALMISTA ES… aquella persona que, con su voz modulada, da vida al salmo; es quien expresa y comunica los diferentes sentimientos que poseen las palabras del verso: alegría o dolor, penitencia o júbilo, admiración o lamento. Lo anterior exige mucha preparación espiritual, teórica y práctica. UN SALMISTA NO ES… un cantante profesional, un aficionado al cual se le facilita el canto. No es una persona que cante fuerte o alguien que tenga buena voluntad para cantar los salmos o que se atreve a hacerlo porque no hay nadie más quien lo haga. Quien quiera ser salmista debe primero pedírselo a Dios en oración y sobretodo dejar que El le revele si esa es Su voluntad. Características del Salmista:
Voz clara y sana; es decir, una voz saludable que no sufra o tenga disfonía (pérdida del sonido o ronquera).
Buena dicción, o lo que es igual, buena pronunciación y articulación de los sonidos.
Dominar la modulación de la voz. El salmista debe ser capaz de “jugar con su voz” aumentando y disminuyendo el volumen de la voz para, de manera espontánea, expresar los sentimientos del texto.
Manejar del micrófono. Debe saber cuanto hay que acercarse o alejarse del micrófono para que su timbre sea el adecuado y se escuche y se entienda con la claridad que debe tener este momento tan especial de la oración cantada. Recomendaciones:
Preparar con tiempo el servicio, mínimo ocho días antes, sin dejar nada a la improvisación. La preparación del salmo que se va a entonar incluye: lectura y meditación, ensayo, práctica y oración para descubrir el mensaje del texto y de manera especial que le dice de manera personal ese salmo.
Practicar con el músico instrumentista si va a haber acompañamiento. Ambos deben ensayar juntos con tiempo, de esta manera se podrán entender durante el ejercicio del canto. Deben colocarse de acuerdo para no efectuar improvisaciones.
Cantar los salmos desde el ambón en una actitud de oración profunda, dirigiendo su mirada a la asamblea que escucha e inspirándola a unirse al canto aclamando la Antífona.
No decir “todos” para indicarle al pueblo que le toca cantar. Su voz y una breve pausa al terminar la estrofa debe hablar por sí misma. Si hay un instrumento, éste puede ayudar a dar la entrada.
La respuesta la canta el pueblo o el coro con el pueblo, el salmista debe permanecer en el ambón hasta que termine la última respuesta del pueblo a la cual él o ella podrán unirse con el canto.
La melodía de la antífona debe ser sencilla, lo que no quiere decir pobre o insulsa su ritmo debe tener mucha relación con el texto.
Cuando se va a entonar la antífona la asamblea habrá de conocerla, bien sea porque se sabe de antemano o porque se enseñó antes de la celebración.
Para facilitar la reflexión puede haber un breve periodo de silencio entre la primera lectura y el salmo responsorial.
Si el equipo de música no posee un salmista se puede entonar solo el versículo y un Proclamador de la Palabra puede realizar los versos desde el ambón.
Errores más frecuentes:
El Salmo Responsorial es parte integrante de la Liturgia, por lo tanto NUNCA debe cambiarse por otro canto o himno; como se toma del Leccionario tiene que ver con la Primera Lectura, cuando lo cambiamos se altera todo el mensaje que el Señor nos quiere entregar en la Eucaristía.
Interpretar canciones en modo directo que impiden que la asamblea participe con la respuesta, como su nombre lo indica este canto es un SALMO CON RESPUESTA, por lo tanto en la Eucaristía el diálogo se hace necesario.

Canto litúrgico en la Iglesia Católica

Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles.
¿Queréis alabar a Dios?
Vivid de acuerdo con lo que pronuncian vuestros labios.
Vosotros mismos seréis la mejor alabanza que podáis tributarle,
si es buena vuestra conducta.
San Agustín.


El canto es de gran estima en la celebración litúrgica. Desde tiempos antiguos los cristianos han utilizado la música para el culto. Es muy conocido el proverbio antiguo que dice: "Quien canta bien, ora dos veces".

Si revisamos las Sagradas Escrituras, encontraremos muchos pasajes que nos motivan a alabar a Dios con toda nuestra alma y con toda nuestra voz. El apóstol Pablo invita a los fieles que se reúnen a cantar juntos salmos, himnos y cánticos inspirados (cfr. Col 3,16) y añade en otro libro que el canto es signo de la exultación del corazón (cfr. Hch 2, 46).

Las orientaciones del Magisterio de la Iglesia son claras con relación a las condiciones que ha de tener el canto litúrgico. Dice: «no toda música vocal o instrumental puede juzgarse igualmente apta para alimentar la oración y expresar el Misterio de Cristo». En este orden de ideas; las composiciones musicales, al estar destinadas a la celebración del culto divino, deben:
  • Ayudar a proclamar la Palabra de Dios.
  • Favorecer el clima de oración.
  • Fomentar la unanimidad de espíritus entre el pueblo de Dios.
  • Enriquecer con mayor solemnidad los ritos sagrados.

Se entiende «por Música Sagrada aquella que, creada para la Celebración del Culto divino, posee las cualidades de santidad y perfección de formas». Por lo anterior, se pide que la música litúrgica sea creada para la celebración litúrgica. No se puede aceptar que se hagan adaptaciones, mendigando melodías del folclor, de la música clásica, del cine y de las que están de moda, para el texto y la música de un canto litúrgico. Estos plagios son injuria al valor de la Palabra litúrgica y también a la Música.